MC: Cambiar por cambiar, también es un error
En política mexicana hay una obsesión curiosa, creer que todo cambio es bueno solo por ser cambio. Como si mover piezas fuera sinónimo de avanzar. Como si el relevo, por sí mismo, resolviera problemas.
No siempre.
El debate reciente sobre Movimiento Ciudadano en Hidalgo cae justo en esa trampa. Hay quienes hablan de “vientos de cambio” como si el simple hecho de renovar dirigencias fuera garantía de crecimiento. Suena bien. Eslogan listo para usarse. Pero la política real se mide en resultados.
Y ahí es donde la conversación se pone incómoda.
Porque, más allá de opiniones, MC en Hidalgo ha tenido un crecimiento sostenido en los últimos años. Pasó de ser una fuerza marginal a alcanzar cerca del 9% de la votación estatal en la última elección local, logró representación en el Congreso y empezó a consolidar presencia territorial con gobiernos municipales. No es la primera fuerza, claro. Pero tampoco es el mismo partido de hace cinco años.
Y eso importa.
Mientras algunos hablan de cambio como si fuera receta mágica, vale la pena voltear a ver el tablero completo. En Hidalgo, Movimiento Ciudadano no compite en las mismas condiciones que Morena o el PRI, que parten de estructuras históricas, presupuesto y maquinaria territorial consolidada. Aun así, MC ha logrado algo que no todos pueden presumir: pasar de la irrelevancia a la competitividad real en pocos años. Mientras otros partidos tradicionales han tenido caídas, fracturas internas o dependen de inercias del pasado, MC ha crecido sin cargar con ese desgaste. No es todavía la primera fuerza, pero ya dejó de ser un actor decorativo. Y eso, en política local, no es menor, es exactamente el tipo de crecimiento que se construye paso a paso… y que también se puede echar a perder en una mala decisión.
Aquí es donde entra la pregunta incómoda:
¿Tiene sentido cambiar una dirigencia justo cuando el partido entra en su etapa de consolidación?
Porque una cosa es renovar para crecer y otra muy distinta es cambiar por ansiedad. Una cosa es corregir cuando las cosas van mal y otra es desmontar una estructura cuando, por fin, empieza a dar resultados.
Ignacio Samperio y Pablo Gómez pueden tener críticas, como cualquier dirigencia. Nadie es indispensable y ningún proceso es perfecto. Pero reducir el momento actual a una narrativa de desgaste sin reconocer el avance logrado es, en el mejor de los casos, una lectura incompleta. En el peor, una decisión apresurada.
Movimiento Ciudadano en Hidalgo todavía no está donde quiere estar. Pero tampoco está donde estaba. Y esa diferencia no es menor.
Rumbo a 2027, el reto no es empezar de cero con discurso de renovación. El reto es consolidar lo que ya se construyó, fortalecer la estructura y llegar con piso firme a la siguiente elección.
Porque en política, cambiar no siempre es avanzar.
A veces, cambiar en el momento equivocado… es la forma más rápida de retroceder.
