Atotonilco de Tula: mucha inauguración, poca planeación… y multas si no aplaudes
En la opinión de Jesús García
“Estamos peor, pero estamos mejor. Porque antes estábamos bien, pero era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad.”
– Cantinflas.
Cantinflas habría amado Atotonilco. Le habría dedicado una película completa. Un pueblo donde un día hay circo literalmente atrás de la presidencia… y al siguiente otro dentro del Cabildo. La diferencia es que aquí los cirqueros sí cobran dieta y además llegaron en planilla guinda.
Porque en Atotonilco últimamente todo parece reducirse a una sola obligación ciudadana: aplaudir.
Aplaudir las obras aunque no haya agua.
Aplaudir las casas aunque el sistema hídrico lleve años rebasado.
Aplaudir eventos, lonas, caravanas e inauguraciones porque vienen elecciones para gobernador y nadie quiere romperle el ritmo al aplausómetro oficial.
Y claro, también hay que aplaudir la campaña disfrazada de gestión institucional junto al secretario de Planeación. Que si el mercado, que si la unidad deportiva, que si “ahora sí viene lo bueno”. Sea cual sea el regalo político, probablemente estará mal planeado… pero bien recibido. Porque en México el “peor es nada” ya casi funciona como doctrina de gobierno.
Mientras tanto, la realidad sigue ahí, necia.
Más viviendas, sí… pero abres la llave y no sale agua.
Eso no aparece en los renders ni en las publicaciones oficiales porque aceptar que el sistema hídrico está rebasado no luce bien en Facebook.
Después vendrán los tandeos, las pipas, las quejas y los bloqueos. Pero para entonces la foto de inauguración ya estuvo lista y todos gritarán que “es un honor estar con Claudia”, aunque muchos ni sepan quién gobierna realmente su presidencia municipal.
Y en medio de todo aparece Fernanda.
Acepta haberse estacionado mal. Perfecto. Que exista sanción. Nadie discute eso.
Lo absurdo es la dimensión del castigo: más de diez mil pesos por una infracción vial en un municipio donde el caos urbano sigue intacto.
Y peor aún: el contexto político.
Porque Fernanda es comerciante. Su familia genera economía. Son ciudadanos como muchos otros. Su verdadero pecado parece ser no aplaudirle todo al Ejecutivo municipal.
Y en pueblos chicos todos entienden el mensaje cuando la ley cae con más fuerza sobre quien incomoda.
Seamos sinceros: si fuera cercana al grupo político en el poder, probablemente todo terminaba en una advertencia amistosa y no en una multa redactada con resentimiento administrativo.
Ahí es donde el problema deja de ser vial y empieza a parecer autoritarismo de bolsillo.
Maquiavelo decía que “el poder se sostiene más por la percepción que por la fuerza”. Y en Atotonilco pareciera que la percepción que quieren construir es simple: aquí se aplaude… o se paga.
El problema no es solo una multa.
Ni el agua.
Ni las casas.
El problema es acostumbrarnos a normalizar el absurdo mientras el pueblo se seca y el Cabildo sigue funcionando como espectáculo de temporada, donde aunque exista oposición, los votos nunca alcanzan para superar a quienes obedecen órdenes del líder supremo en turno.
Y quizá eso sea lo más peligroso de todo,
que ya nos acostumbramos tanto al circo… que hasta defendemos a los payasos.
