x
Acento
Opinión

La escuela abandonada: la crisis educativa y la policrisis del cuidado en México

La escuela abandonada: la crisis educativa y la policrisis del cuidado en México
  • Publishedmayo 22, 2026

ee

En México, la educación pública atraviesa una de las etapas más complejas y dolorosas de su historia reciente. Sin embargo, el problema ya no puede explicarse únicamente desde la falta de presupuesto, los bajos resultados académicos o la eterna disputa sindical y gubernamental. Lo que hoy vivimos es algo más profundo y más devastador: una auténtica poli crisis del cuidado que está erosionando silenciosamente las bases emocionales, sociales y humanas sobre las que debería sostenerse la educación de niñas, niños y adolescentes.

La Nueva Escuela Mexicana está intentando sobrevivir mientras las familias colapsan, mientras los docentes son rebasados, maniatados por los Derechos Humanos, mientras el Estado evade responsabilidades y mientras la infancia se convierte en víctima directa de una sociedad agotada, precarizada y emocionalmente rota.

Durante décadas se insistió en que la educación era “La Palanca del Desarrollo”. Pero en los hechos, México ha convertido a sus escuelas en espacios de contención social. Hoy las maestras y maestros no sólo enseñan matemáticas, lectura o ciencias; también la hacen de psicólogos, terapeutas, trabajadores sociales, mediadores familiares, cuidadores emocionales y, muchas veces, hasta sustitutos afectivos de hogares fracturados por la violencia, la pobreza, las adicciones, la desintegración familiar, la migración y el abandono funcional.

El problema es brutal: el sistema educativo fue diseñado para enseñar, no para sostener el colapso emocional de toda una sociedad. La llamada “Poli crisis del Cuidado” describe precisamente eso: la acumulación simultánea de crisis familiares, económicas, laborales, emocionales, afectivas, y comunitarias que terminan impactando directamente en el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes. En México, millones de madres trabajan jornadas extenuantes sin redes de apoyo; miles de padres viven ausentes física, moral o emocionalmente; en muchos casos los abuelos sustituyen la crianza mientras también enfrentan precariedad, enfermedades, y sobre todo el estado emocional para criar a los nietos; y la infancia queda atrapada en medio de un abandono estructural normalizado. Padres ausentes que durante toda la semana no conviven con sus hijos.

El resultado se observa todos los días en las aulas: niñas y niños con ansiedad, frustración, con problemas graves de conducta, adolescentes emocionalmente desconectados, incremento de violencia escolar, incapacidad para concentrarse, apatía, depresión, agresividad y una creciente sensación de vacío existencial que ningún nuevo plan de estudios puede resolver.

La Nueva Escuela Mexicana habla de humanismo, comunidad y transformación social, pero la realidad cotidiana contradice el discurso oficial. No existe verdadera transformación educativa cuando miles de escuelas carecen de psicólogos, trabajadores sociales, infraestructura digna o condiciones mínimas para garantizar bienestar emocional. No puede hablarse de excelencia educativa cuando el hambre, la violencia y el abandono afectivo entran diariamente al salón de clases.

La tragedia es aún más grave porque el Estado sigue empeñado en medir aprendizajes como si el contexto no importara. Se exigen resultados académicos a estudiantes emocionalmente devastados y se responsabiliza exclusivamente a los docentes de problemas que tienen origen estructural.

México ha normalizado exigirle todo a la escuela mientras abandona todo lo demás. Se cerraron estancias infantiles. Se debilitaron programas de tiempo completo. Se redujeron espacios comunitarios. Se precarizó el acceso a salud mental. Se deterioró el tejido social. Y después se pretende que la escuela resuelva sola lo que la política pública destruyó. La educación no puede florecer donde el cuidado se derrumba. Detrás del ausentismo escolar hay familias agotadas, frustradas, preocupadas más por llevar comida y sustento a casa, que dedicarle tiempo a la educación de sus hijos. Detrás de la violencia escolar hay comunidades heridas. Detrás del rezago educativo hay infancias sobreviviendo emocionalmente. Detrás de cada adolescente indiferente hay historia de abandono que nadie quiere mirar o no les interesa atender.

La discusión pública sigue atrapada en disputas superficiales: si habrá o no clases por marchas sindicales, si cambió el modelo pedagógico, si los libros de texto tienen tal o cual enfoque ideológico. Todo eso importa, sí, pero resulta secundario frente al verdadero desastre: la infancia mexicana está creciendo sin cuidado, sin acompañamiento emocional y sin condiciones mínimas de estabilidad humana. El tejido social esta desquebrajado, a diario vemos episodios de violencia extrema entre niñas, niños y adolescentes.

La escuela se convirtió en el último refugio institucional que aún recibe a todos. Por eso el desgaste docente también alcanza niveles alarmantes. Miles de maestras y maestros enfrentan agotamiento emocional extremo, presión burocrática, sobrecarga administrativa y violencia social, mientras siguen siendo juzgados desde la comodidad de discursos políticos que jamás pisan un aula real. Precisamente esta semana el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana, realizó el análisis junto con la Fundación SM, acotó que los maestros viven presión de parte de los padres incluso fuera horarios de trabajo, debido, por ejemplo, a la creación de grupos virtuales y también existe falta de reconocimiento social a su labor. El documento refiere que el 24.4 por ciento de los educadores mexicanos declararon sentir mucho estrés en su trabajo, poco apoyo de la familia y constante asedio por parte de la comunidad escolar y uno de cada cinco expuso su intención de dejar la profesión en los siguientes cinco años.

La crisis educativa mexicana ya no es solamente pedagógica. Es civilizatoria. Porque cuando una sociedad deja de cuidar a su infancia, comienza lentamente a destruir su futuro. La discusión urgente no debería centrarse únicamente en evaluaciones, calendarios escolares o reformas curriculares. La verdadera pregunta es otra: ¿quién está cuidando hoy a las niñas, niños y adolescentes de México?

Si el Estado no reconstruye políticas integrales de cuidado; si no fortalece la salud mental comunitaria; si no devuelve dignidad al trabajo docente; si no recupera espacios públicos seguros; si no acompaña verdaderamente a las familias; entonces ninguna reforma educativa será suficiente. Si no se trabaja en el área afectivo emocional de los alumnos, docentes y tratar de recuperan el tejido social. La educación no puede sostenerse sola en medio del derrumbe social. Y quizá esa sea la verdad más incómoda de todas: México no sólo enfrenta una crisis educativa. Enfrenta una profunda crisis de humanidad.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *