Primero Camila, luego Cuba
México tiene más de 110 mil personas desaparecidas y cerca de 46 millones de personas viviendo en pobreza.
Pero al parecer, el problema urgente está… en otro país.
Hace unos días el expresidente Andrés Manuel López Obrador llamó a reunir ayuda para Cuba. Y como suele pasar cuando el viejo líder mueve un dedo desde su retiro político, apareció la maquinaria de aplausos automáticos, discursos sobre solidaridad, mensajes épicos en redes sociales y el entusiasmo de quienes creen que la revolución todavía se organiza en grupos de WhatsApp.
Hidalgo, por supuesto, no quiso quedarse fuera de la foto.
Un puñado de diputados del régimen levantó la mano con entusiasmo para sumarse a la causa. No necesariamente por convicción humanitaria, sino por algo mucho más práctico, quedar bien.
Porque en ciertos círculos del poder, demostrar lealtad al líder sigue siendo más importante que escuchar al pueblo que tanto dicen defender.
y aquí te cuento una realidad:
En el Valle del Mezquital vive Camila. Tiene nueve años.
Va a la escuela y saca buenas calificaciones. Pero cuando terminan las clases no se va a jugar al parque ni a ver caricaturas.
Se va a trabajar.
Su mamá tiene insuficiencia renal y necesita tratamiento tres veces por semana.
Su papá trabaja en el camión de basura de un municipio y el dinero casi nunca alcanza.
Por las tardes Camila vende dulces con mama.
Los sábados y domingos vende gelatinas con papa.
Nunca hay tiempo jugar.
Hay días en que la familia come poco.
Hay días en que simplemente no alcanza para comer.
Y además Camila es niña.
En un país donde miles de mujeres desaparecen cada año, crecer siendo niña también significa crecer con una advertencia silenciosa, no te vayas sola, no regreses tarde, avisa dónde estás.
Ahora imaginemos el momento incómodo.
¿Cómo le explicamos a Camila y a su familia, que el país que no puede garantizar el tratamiento de su mamá, ni la seguridad de sus niñas, ni siquiera que todas las familias puedan cenar todos los días… está organizando colectas para mandar ayuda a Cuba?
¿Cómo le explicamos que mientras su papá trabaja entre basura para sostener la casa, hay políticos discutiendo cómo demostrar su solidaridad… con otro país y donando sus impuestos?
Nadie está diciendo que ayudar a otros pueblos esté mal.
La solidaridad entre naciones es un valor legítimo.
El problema es cuando la solidaridad se vuelve selectiva, simbólica y políticamente conveniente.
Porque es mucho más fácil sentirse solidario con problemas lejanos que hacerse responsable de los problemas que están frente a la puerta.
Mientras se organizan colectas para otros países, en México las madres buscadoras siguen haciendo el trabajo que debería hacer el Estado.
Mientras se presumen gestos de solidaridad internacional, miles de comunidades siguen esperando lo más básico,agua, seguridad, hospitales que funcionen.
Eso no es solidaridad.
Eso es política simbólica.
Un gesto para la foto.
Un discurso para la tribuna.
Un guiño para el líder que, aunque diga estar retirado, sigue moviendo fichas como si nada.
Y en medio de todo eso queda una pregunta incómoda.
¿De verdad creen que el pueblo no se da cuenta?
Porque la solidaridad verdadera empieza en casa.
Empieza donde están los problemas urgentes, las heridas abiertas y las responsabilidades que nadie quiere asumir.
Ayudar al mundo está bien.
Pero hay una regla que cualquier familia entiende mejor que muchos políticos.
no se manda ayuda afuera cuando en tu propia casa todavía hay niñas como Camila que se van a dormir sin cenar.
Pero es un honor estar con Obrador ¿o no?
