Luis Donaldo Colosio: El político incómodo. A 32 años del Magnicidio que cambió el rumbo de México.
El 23 de marzo de 1994 no sólo se asesinó a un candidato: se ejecutó un crimen de Estado con odio, rencor y una impunidad que, 32 años después, sigue intacta. Luis Donaldo Colosio Murrieta fue el político incómodo que el sistema priista impulsó y luego devoró.
Un candidato de Estado que se volvió estorbo para el sistema. Colosio llegó con el visto bueno del presidente y la élite hegemónica. Pero cuando comenzó a hablar de cerrarle el paso al “influyentísmo, la corrupción y la impunidad”, cuando señaló las desigualdades en Chiapas y llamó a la autocrítica, se convirtió en un problema. Su discurso en Lomas Taurinas no fue un acto de campaña: fue su sentencia.
Las preguntas que nadie ha respondido. La versión oficial del “asesino solitario” se sostuvo con testimonios de personas que ni siquiera estaban en el lugar. Mientras tanto, el CEN del PRI ordenó no enviar policías a la zona aquel día, y al día siguiente mandó remodelar la escena del crimen. ¿Protección o complot? Tampoco se ha aclarado por qué se impidió la seguridad del candidato en un lugar considerado entonces “foco rojo”. Tampoco por qué las más de 68 mil hojas del expediente siguen siendo un laberinto de contradicciones.
Crimen de Estado con rostros todavía visibles. No se trató de un desequilibrado solitario. Fue un magnicidio planeado por quienes vieron amenazados sus intereses. Colosio se había vuelto incómodo para el propio partido que lo postuló, para una élite que no estaba dispuesta a ceder ni un ápice de poder. A 32 años, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién ordenó asesinar a Luis Donaldo Colosio? Y la respuesta, aunque no esté en una sentencia judicial, la conocemos: fue un crimen de Estado, con ejecutores materiales y responsables intelectuales que nunca pagarán por él. También queda claro que en estos 32 años de su aniversario luctuoso hay más interrogantes que respuestas. Lo que, si queda claro que la vida política nunca volvió a ser la misma, la sociedad en general quedo en shock y con un dejo de desaliento y desesperanza, también se coarto la posibilidad a un personaje cuyo discurso estuvo plagado de esperanza.
La pregunta aún queda sin ser respondida ¿Qué motivó a cometer tal magnicidio de un candidato a la Presidencia de la República? Evidentemente la respuesta está en quien o quienes planearon, perpetraron y consumaron el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta aquella tarde del 23 de marzo de 1994 y que al cabo de 32 años se puede establecer que fue un crimen de Estado con un alto grado de odio y rencor debido a intereses que se veían trastocados por una elote que no estuvo de acuerdo con el posicionamiento que había fijado el candidato en sus discursos que pronuncio ante miles de personas en diferentes partes del país.
El Magnicidio aún duele, aun trastoca a la sociedad mexicana, pues sus palabras aun quedarán en el colectivo, incómodas para algunos, esperanzadoras para muchos: “La violencia no puede ser ni método ni fin”, “Es la hora de la Nación”, “Tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida”. Pero también nos quedó un país que sigue esperando justicia, transparencia y el cambio verdadero que él esbozó. La sociedad aún clama por políticas públicas dignas, por un Estado de derecho real, por una nación que honre la memoria de quienes soñaron con transformarla. Que el recuerdo de Colosio no sea solo una fecha en el calendario. Que sea el recordatorio de que ningún poder puede callarse con un tiro, y que la impunidad no tiene por qué ser eterna.
