Somos sede del Mundial, pero no estamos invitados
En la opinión de Jesús García
Estamos a unos días de que inicie la Copa del Mundo y, como millones de mexicanos, confieso que siento emoción.
Porque amo el fútbol. Porque crecimos viendo mundiales.
Porque todavía recordamos los goles que gritamos con nuestros amigos, las quinielas de la oficina, las carnes asadas, las reuniones familiares y esas historias que nuestros padres y abuelos siguen contando como si hubieran ocurrido ayer.
Pero también hay otro sentimiento. Uno que aparece cada vez que hablamos del Mundial. Durante las últimas semanas platicamos con amigos, familiares, compañeros de trabajo, personas en la calle y usuarios en redes sociales. Y aunque cada quien lo expresa de manera distinta, la sensación es sorprendentemente parecida.
Estamos felices de que México sea sede. Pero no sentimos que vayamos a ser parte de la fiesta. Nuestros abuelos recuerdan el Mundial de 1970 como una celebración que se respiraba en todo el país. Nuestros padres hablan de 1986 como un evento que salía de los estadios para instalarse en las calles, los mercados, las escuelas y las salas de las casas mexicanas.
Hoy, en cambio, pareciera que el Mundial llega rodeado de barreras. Boletos que para millones familias son simplemente inalcanzables. Experiencias diseñadas para quien puede pagar miles de pesos. Restricciones que limitan la manera en que la gente puede reunirse para disfrutar los partidos.
Patrocinios, exclusividades, licencias y reglas que convierten algo que debería unirnos en una experiencia cada vez más reservada para unos cuantos.
Y esa es la gran contradicción. México será anfitrión. Tendremos el partido inaugural. El mundo entero verá nuestros estadios, nuestras ciudades y nuestra afición. Pero muchos mexicanos sienten que observarán la fiesta desde afuera de la ventana.
No porque no amen el futbol. No porque no quieran participar. Sino porque participar se ha vuelto un lujo. La FIFA tiene derecho a proteger su negocio. Nadie discute eso. Lo preocupante es cuando el negocio comienza a desplazar a quienes hicieron grande este
deporte.
Porque el fútbol nunca nació en los palcos o con burócratas de FIFA
Nació en la calle. En las canchas de tierra. En la televisión de la tienda de la esquina. El vecino que sacaba una pantalla para que todos vieran el partido.
Por eso la pregunta resulta tan incómoda como necesaria… Si somos sede del Mundial, ¿por qué los mexicanos no están invitados?
Quizá porque esta vez ser anfitriones no garantiza ser parte de la celebración. Y eso, para un país que vive y respira futbol, duele más de lo que muchos organizadores imaginan
