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Izquierda responsable

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  • Publishedenero 20, 2026

Economía versus Política

Cesar Peña *

Tratar de asimilar lo que está sucediendo en la entidad dentro del Movimiento de Regeneración Nacional, donde un puñado de empresarios tomó las riendas del Gobierno y del partido y luego, le dio la espalda a ese pueblo del cual se sirvió y se sigue sirviendo, es material absoluto para la reflexión de la izquierda real, que está obligada a asumir un posicionamiento crítico respecto a estas desviaciones del poder.

Un Gobierno de izquierda jamás reprimiría al pueblo está claro, como tampoco jamás desconocería a los amigos para abrazar a los enemigos. Eso lo hacen los traicioneros o bien, gente que jamás ha sido en realidad de izquierda y se viste, en su gatopardismo, de redentores de la transformación.


Un Gobierno de izquierda tampoco jamás le abriría la puerta a los saqueadores y corruptos de antaño, que si no tienen cuentas con la ley, los dejaría coexistir y si cometieron delitos, los llevaría ante la justicia.


Un Gobierno de izquierda sobre todo, no impediría la libertad de expresión, sino que la vigilaría y cuidaría como uno de los preceptos básicos de la democracia y menos atentaría contra quienes desde su trinchera informativa, dan a conocer los sucesos de la vida diaria. Pueden disentir o no de lo que hace el Gobierno, pero son respetados y nunca perseguidos, acosados o fustigados en sus fuentes de trabajo o ingresos.

Un Gobierno de izquierda no usa el cargo para enriquecerse o hacer negocios como lo hicieron los prianistas, que se forraron de billetes las bolsas por sexenios con dinero público o invirtiendo en la obra pública con información privilegiada. Eso jamás lo haría un Gobierno socialmente responsable, un prianista eso más.

Un Gobierno de izquierda no se obstina en tener a los amigos en el cargo, menos si están cometiendo errores visibles que representan la credibilidad y la misma gobernabilidad ni menos cuando se trata de actos públicos de corrupción. A los amigos así no se les protege, se les corre y se les procesa.

Como integrante de Morena, con el cual marco ahora mi distancia formal, simplemente no tolero ni avalo ninguna de estas conductas desde el poder. Esto no es un Gobierno del Pueblo, esto es traición al pueblo.

La usurpación de la voluntad popular se palpa en todos los rincones del quehacer público: la vieja burocracia de siempre, corrupción, protección a amigos, dispendio y una vida de reyes de parte de los funcionarios a los que una y otra vez se les llama a la austeridad de manera estéril.

Desde el partido, auspiciar a líderes que se robaron el cargo, hacer oídos sordos a los reclamos de las bases y de sectores intelectuales, algo que era propio de Peña Nieto y esa clase parasitaria, hoy se repite penosamente como también reventar la elección de los Comités Seccionales para dejar a los incondicionales y quitar a los incómodos como resulta la gente de lucha real, la de la izquierda que incomoda al poder, cuestiona y critica.

La gente así no le gusta al poder conservador enquistado en Morena, ellos quieren lo mismo que los de antes: abnegación, sometimiento y claro está, silencio cómodo sobre lo que son y lo que hacen.
Nada de esto me permite hacer mi espíritu rebelde. Va contra mi naturaleza. La historia inmediata ha comenzado su juicio.

  • Escritor, periodista, economista y divulgador de la ciencia.

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