Una radiografía local a la política de abajo: las simulaciones, una mala práctica de autoengaño
Aldo Suah Islas Ruiz.
Politólogo.
Hoy en día, las nuevas generaciones poco a poco están desplazando a los políticos clásicos de hace algunos años. Nunca imaginábamos ver a quienes, hombro a hombro, ya figuraron o figurarán —sea el caso— como candidatos por algún partido tradicional en el futuro. Pero he aquí un pequeño análisis de observación en territorio y un breve análisis digital.
Existen muchos medios digitales que se autoproclaman como espacios de influencia masiva; promueven figuras que ni en su propia colonia conocen. Es muy fácil pagar cuotas de posicionamiento con la finalidad de darse a conocer, y claro, es válido: es una estrategia.
Sin embargo, es una pequeña pantalla para aquellos que nunca han salido a caminar el territorio, que desconocen qué necesidades tienen sus calles, qué adolecen sus vecinos e incluso presumen mucha popularidad con el simple hecho de estar colocados como posibles suspirantes. A estos perfiles los llamaremos los políticos enanos o de espejitos.
Por otro lado, hablaremos de los políticos sin aplausos, sin posicionamiento y casi siempre de bajo perfil.
Son quienes realmente han caminado para organizar a sus vecinos y poseen un gran liderazgo y capacidad de gestión. Incluso son mal vistos porque han trabajado en elecciones con el partido naranja, años atrás con el partido rojo y actualmente con el partido guinda. Son aquellos a quienes reconoce su calle; de gran experiencia, se les respeta, pero en la inclusión a puestos administrativos suelen ser descartados, derivado de su aparente deslealtad e incluso —me atrevo a decir— por desconfianza. A estos personajes los llamaremos los políticos camaleones o híbridos.
Cada vez se presentan con mayor frecuencia y toman más fuerza aquellos que cuentan con amplia experiencia en la conformación de cuadros. Tienen un nivel de escolaridad profesional e incluso son especialistas en administración pública. Saben cómo llegar a sus vecinos en los tiempos adecuados; no se desgastan durante años y se activan cuando hay elecciones importantes. Han trabajado para viejos regímenes, pero son valiosos para nuevos proyectos. Los políticos de carrera suelen ser utilizados para ganar en pequeñas zonas del territorio; son soldados rasos que saben ser quirúrgicos a la hora de operar políticamente. Se ganan a su gente, son empáticos con causas nobles y también buenos negociadores para aspirar a futuros cargos públicos. Son enemigos de los políticos sectarios, de aquellos con ideales arraigados y repudiados por fundadores de partidos dominantes. En pocas palabras, saben cómo funciona la política de abajo. A estos perfiles los llamaremos los políticos de colmillo.
Podríamos continuar con la lista, pero para concluir terminaré con los políticos idealistas: aquellos expertos en analizar su entorno. Se mantienen informados día a día de lo que acontece en su localidad e incluso a nivel internacional. Son perfiles eruditos y maestros en la materia; sin embargo, sus ideales no les permiten incursionar en el sistema político, pues califican —o se autocalifican— a la política local como mediocre y de bajo nivel. A estos perfiles se les verá activos en movimientos sociales impulsando causas; son altamente participativos y, en su mayoría, no desean un cargo público. Se autodenominan apolíticos. Su pensamiento no les permite desarrollar actividades de organización territorial —aclaro, no en todos los casos—.
Este pequeño análisis de perfiles en nuestra política local puede variar. Existe un sinfín de matices y combinaciones; de acuerdo con sus cualidades, un perfil puede contener elementos de otro. No obstante, es un ejercicio de reflexión para nuestra comunidad lectora, a fin de que determine, a su propio juicio, quién es realmente el político vecino que se preocupa por su entorno, que camina y conoce las problemáticas de su calle, que sabe gestionar en beneficio de la comunidad y, sobre todo, que no antepone intereses propios para su provecho personal.
