x
Acento
Opinión

La política también se hace en la banqueta

La política también se hace en la banqueta
  • Publishedenero 26, 2026

Por Erick Sánchez CHINO

En tiempos donde la política parece medirse por seguidores, reacciones y publicaciones, conviene recordar algo básico: la política no nació en las redes sociales. Nació en el encuentro entre personas. En la conversación directa, en el saludo, en la escucha. Y hoy, más que nunca, sigue haciéndose en la banqueta.

La banqueta es el espacio donde la política deja de ser discurso y se vuelve realidad. Ahí no hay guiones ni mensajes preparados. Ahí la gente habla de lo que le duele, de lo que le preocupa y de lo que necesita resolver hoy, no en la siguiente campaña. En la banqueta no se pide una selfie, se pide una respuesta.

Caminar una colonia, detenerse a escuchar a una vecina, atender a un comerciante o a un padre de familia dice más que cualquier publicación bien editada. El contacto cercano no se puede simular. La mirada directa, el tono de voz y la disposición para escuchar revelan rápido si hay interés genuino o solo intención de figurar.

Las redes sociales pueden amplificar un mensaje, pero no sustituyen el contacto humano. Un comentario no reemplaza una conversación. Un “me gusta” no resuelve un problema. La política que se queda en la pantalla corre el riesgo de volverse cómoda, distante y superficial. La que baja a la banqueta se enfrenta a la complejidad real de la vida cotidiana.

En la banqueta se entiende que los problemas no vienen en formato de publicación. Llegan desordenados, mezclados y urgentes. Ahí la gente no habla de ideologías, habla de seguridad, de servicios, de espacios abandonados, de oportunidades para sus hijos. Y escuchar eso exige tiempo, paciencia y compromiso.

Hacer política desde la banqueta también implica incomodarse. Escuchar reclamos, aceptar errores, explicar procesos que no siempre son rápidos. No hay filtros que maquillen la realidad ni algoritmos que oculten el descontento. Hay personas esperando ser atendidas y respetadas.

La modernidad no debería alejarnos de este ejercicio básico. Al contrario, debería fortalecerlo. Usar la tecnología para informar y rendir cuentas está bien, pero el verdadero vínculo se construye cara a cara. La confianza no se genera con alcance digital, se construye con presencia constante.

Cuando alguien camina su comunidad, conoce los nombres, los contextos y las historias. Entiende que cada banqueta guarda una necesidad distinta. Que gobernar o representar no es administrar números, sino acompañar personas. Y esa comprensión no se aprende en redes, se aprende en la calle.

Hoy, cuando el desencanto hacia la política es evidente, volver a la banqueta no es un retroceso, es una necesidad. Es recordar que el poder público tiene sentido solo si se ejerce cerca de la gente. Que la política que transforma no es la que más se publica, sino la que más se camina.

Porque al final, los cambios reales no empiezan con una tendencia. Empiezan con una conversación. Y esa conversación, casi siempre, ocurre en la banqueta.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *